Tal vez su empresa disponga de suficiente dinero para encargar un estudio sobre los hábitos de compra de sus clientes, incluso es posible que su marca controle de forma férrea su nicho de mercado y no lo necesite. Pero, si no es así, tendrá el mismo problema que miles de pequeñas y medianas empresas que no saben que les pasó a los cientos o miles de clientes que compraron una vez y no repitieron. Hablamos de los clientes recurrentes o, mejor dicho, de los que no lo son.

Se preguntará, como lo hacemos en Promología, en lo que habrá fallado, si la experiencia de compra no fue buena para el cliente, y, posiblemente, llegará a la conclusión más socorrida: “seguro que encontró un precio mejor”.

ESTUDIO CASERO DE HÁBITOS DE COMPRA.

Le proponemos un pequeño experimento que nosotros mismos hemos realizado. No podemos encargar un costoso estudio que analice el comportamiento de cientos de usuarios y clientes, pero si podemos analizar el nuestro propio (y el de algunos compañeros de trabajo y amigos) cuando compramos por Internet.

¿Donde compré la última vez?

Un porcentaje muy grande de clientes no se acuerdan donde compró un producto la última vez, ni tiene posibilidad de averiguarlo fácilmente.

En Promología hemos constatado que tuvimos en los últimos años, al menos, cinco proveedores de tóner y tinta para impresoras, unos productos que compramos habitualmente por la red; un compañero nuestro, gran aficionado a las infusiones, cree haber comprado en más de tres tiendas en el último año y un amigo de quien escribe este post tiene multitud de proveedores por Internet de bolsas de plástico, de impresos  y cinta personalizada de embalar, a pesar de tener que pagar nuevos clichés con cada uno nuevo.

¿Qué tienen en común estos tres usuarios? ¿Por qué no se han mantenido fieles a un mismo proveedor? La respuesta es un tanto inesperada: no recuerdan donde han comprado la última vez.

Le parecerá imposible que aquel que visite su página web pueda olvidarse con tanta facilidad de ella, de su nombre y de su aspecto, pero eso ocurre en un altísimo porcentaje. Internet es una intrincada selva y el camino que siguió un cliente para localizar su tienda puede estar impracticable, o simplemente desaparecido, a las pocas semanas. Los nombres se acumulan en las carpetas de “Favoritos” y pronto dejan de decir algo y las facturas se archivan entre cientos y son poco menos que imposibles de localizar. En poco tiempo no queda nada que haga recordar su empresa a un cliente.

UNA BUENA SOLUCIÓN A ESTE PROBLEMA: REGALOS PROMOCIONALES.

El simple hecho de enviar con cada pedido un pequeño producto personalizado con su marca y página web hará desaparecer este problema y el número de clientes recurrentes aumentará significativamente. Y no se olvide que los clientes recurrentes son uno de los pilares en los que construirá el futuro de su negocio.

En Promología, en este momento, estamos enviando un mug promocional con cada pedido, pero bien pudiera ser otro artículo publicitario cualquiera: un bolígrafo, un calendario (de octubre a febrero), un llavero, …

Por muy poco dinero su cliente tendrá algo material de su empresa, algo mucho más positivo e importante después de tanta intangibilidad como la que gobierna Internet.

 

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