Si hay un ejemplo evidente de cómo llevamos nuestras costumbres relacionales del campo personal al campo de los negocios, estos son los regalos. Regalamos para demostrar consideración o afecto de una forma que no podríamos hacer con solo manifestando buenos deseos en un saludo, un apretón de manos, un abrazo o un beso.

En nuestra vida privada hay diferentes tipos de regalos para diferentes tipos de relaciones y diferentes tipos de regalos para distintas épocas de una misma relación. Ejemplos de las primeras serían los regalos que se harían a un compañero de trabajo convaleciente de una enfermedad, a un hijo de ocho años, a un amigo de toda la vida  o a una esposa (¡piensen, por favor, en las situaciones que se crearían al intercambiarlos!) De las segundas, los regalos que se le pueden hacer a una esposa el día del aniversario de bodas, un día cualquiera, en Navidad o el día de su cumpleaños.

Regalos_de_empresa

Los regalos de empresa actúan de forma similar a los regalos que privadamente se hacen las personas.

El valor del regalo marca, muchas veces, el mensaje de afecto que queramos transmitir. Está claro que una esposa no se va a sentir igual de satisfecha si le regalan un diamante o un cristal tallado. También es cierto que podemos hacer sentir incómodos a alguien a quien damos un regalo valioso sin tener una estrecha relación con él.

Regalo, pues, es un arte que necesita equilibrio, buen gusto y conocimiento de la persona (y sus necesidades) a la que se quiere agasajar.

Algo muy similar ocurre con los regalos promocionales de empresa. Debemos conocer a nuestro público objetivo y escoger un regalo adecuado para él. Debemos dar un regalo que haga sentir a nuestro cliente apreciado y por el que nos esté agradecido, no un regalo promocional que le haga pensar: “así que esto es lo que yo valgo para tu empresa”. Debemos buscar la época adecuada y, a falta de que su empresa establezca conmemoraciones personalizadas con cada cliente (“hoy hace un año que establecimos relaciones comerciales por vez primera”), esta época es la Navidad.

Podemos encargar varios tipos de regalos de empresa, de distintos precios para clientes con diferentes facturaciones o potenciales y para distintos targets, pero siempre con la máxima que, al igual que en la vida particular, regalar en nombre de una empresa requiere una sutileza y buen gusto con el que nos jugamos no solo el prestigio de nuestra marca, sino la pervivencia misma de algún cliente.

Por último deseamos cerrar este post recalcando que no debemos confundir regalos promocionales con regalos de empresa, aunque, algunas veces, confluyen y la pertenencia a uno u otro dependen de nuestro propio negocio y su público objetivo. Un bolígrafo o un mechero, que podrían considerarse un regalo de empresa en un bar que obsequia así a sus clientes en épocas navideñas, sería ofensivo como regalo al propietario de un negocio que nos compra trescientos mil euros al año y el beneficio que perseguíamos con el obsequio podría volverse en perjuicio fácilmente. Si nuestro  presupuesto es muy ajustado no debemos olvidarnos de la magia del valor percibido: productos que a nuestro cliente le parecerán de un valor varias veces mayor que su precio real.

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